viernes, 6 de octubre de 2017

EDUCAR EN LA RESPONSABILIDAD

La responsabilidad es asumir las consecuencias de nuestras  acciones y decisiones.
Se va adquiriendo por imitación del adulto y la aprobación social, que le sirve de refuerzo. Educar en la responsabilidad no es una tarea fácil, los padres somos una gran influencia en el comportamiento de nuestros hijos, tanto en las conductas adecuadas como en las inadecuadas.

Con tres, cuatro años, van siendo capaces de controlarse y tener en orden sus cosas. Colaboran en guardar y recoger los juguetes. Pueden ayudar a poner la mesa. Se desnudan solos y se visten con ayuda. Aprenden a compartir las cosas y esperar su turno. Muestran interés creciente por jugar con otros niños.




Con cuatro, cinco años, suelen tener iniciativas responsables, como vestirse, recoger sus juguetes… Son bastante autónomos en la comida y  cuidado personal, se lavan, se calzan, se visten, van al baño solos. Aceptan los turnos en los juegos aunque no siempre los respetan, suelen relacionarse con dos, tres niños para jugar y entablar las primeras amistades.








Con cinco, seis años, Les agrada ayudar, cumplir encargos y realizar tareas domésticas. Juegan en grupos de tres o más y siguen reglas sencillas. Intentan ser autónomos y pueden rebelarse frente a las presiones de los adultos en asuntos como disciplina, autoridad y normas sociales.









Normas básicas  para educar en la responsabilidad


  • Establecer normas claras y bien definidas.
Debéis de explicarles de forma muy clara lo que está permitido y lo que no. Los niños han de saber lo que se espera de ellos, hay que dejar muy claro cuáles son los límites.

  •  Cumplir nuestras advertencias
Explicarles qué ocurrirá si traspasan esos  límites y os ponen a prueba, es decir, qué consecuencia habrá  si no respetan  las normas. Y también acordar la recompensa que conlleva su cumplimiento.

  •   No podéis exigir a vuestro hijo/a  lo que vosotros no hacéis
Vosotros sois los modelos a imitar. No podéis pedir a vuestro hijo/a que deje de gritar, cuando se lo decís chillando o que no debe pegar a sus compañeros cuando le dais un azote por su mal comportamiento.

  •   Reforzar las conductas adecuadas
Es importante prestar mucha atención cuando los niños os hagan caso a la primera o sigan una norma sin dar problema alguno, será entonces el momento para expresarles vuestra aprobación. La atención de los padres, las palabras de elogio y aprobación, las caricias o los premios en general, dispensados por la realización de una conducta correcta de los hijos, aumenta la probabilidad de que se repita y se perfeccione.

  •  Ser coherentes
Los mensajes de actuación tanto del padre como la madre han de ser los mismos. Difícilmente conseguiréis resultados satisfactorios si no hay consenso entre ambos, el niño tenderá a hacer caso al mensaje que más le interese según sus preferencias o necesidades.



                                           
En definitivadebéis de pensar que sois el modelo de vuestros hijos y que aprenden directamente de vuestra conducta, sea correcta o no.


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